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Mesura y los huevos de Pascua

El proyecto Casa IV, de los barceloneses Mesura Arquitectos, es un pequeño juego repleto de huevos de Pascua y de referencias para los amantes de la arquitectura moderna de principios del siglo XX. Estos «huevos» escondidos, a modo del juego anglosajón de esconder golosinas para que los niños las encuentren, plantea, con ánimo lúdico, numerosas referencias culturales ocultas en esta curiosa casa en Elx.

mesura

Si comenzamos la búsqueda, podemos recorrer tanto los inicios de la arquitectura moderna –disciplina que, pese a su epíteto, cuenta con cien años de historia–, como las últimas tendencias de la contemporánea, en un viaje propiciado por una arquitectura que quiere hacernos partícipes de un relato. Empecemos, pues, su lectura.

El proyecto se presenta con su fachada trasera como tarjeta, donde aparecen la cara visible y los elementos que conferirán carácter a la vivienda: las bóvedas y los muros. Adquieren tanta presencia que hacen que nos olvidemos de que este espacio no es sino una ampliación de una vivienda unifamiliar aislada. El primer huevo de Pascua aparece cuando vemos el perfil recortado de las cuatro bóvedas y no podemos evitar pensar en la casa Jaoul, obra de posguerra de Le Corbusier, uno de los arquitectos más influyentes del siglo XX.

Le Corbusier, Maison Jaoul

Para la casa Jaoul, Le Corbusier eligió un planteamiento constructivo en una Europa de posguerra donde el material era escaso y la mano de obra, barata. De ese modo, se diseñó una obra que utilizaba una bóveda de ladrillo que descansaba sobre una viga de hormigón en fachada, lo cual engañaba al espectador al dar la sensación de que la bóveda era de hormigón armado. Sin embargo, el acero para armar era un bien muy escaso y era mucho más sencillo crear bóvedas achaflanadas, a la catalana, para cubrir los espacios con un material pequeño y económico como el ladrillo.

Sesenta años más tarde y aunque el condicionante económico sigue estando muy presente, el material es más barato y la mano de obra, más cara. Es por eso que una bóveda de hormigón descansando sobre un muro de ladrillo no puede sino despertar admiración, al ser un elemento casi artesanal en un momento en el que la construcción tiende más que nunca a la prefabricación. Las bóvedas descansan sobre cuatro muros, pero ven interrumpido su desarrollo al encontrarse un árbol en el camino. La imagen de la construcción arquitectónica natural por excelencia, el árbol, abriéndose paso por un hueco es muy potente y vuelve a llevarnos a la obra de Le Corbusier en la casa Curutchet, en La Plata. Este árbol fue plantado por el doctor Pedro Curutchet en 1956, al finalizar la obra y de acuerdo con la indicación dada por Le Corbusier. Hoy, sesenta años más tarde, el álamo ha crecido sobremanera, tal y como podíamos ver en la película argentina “El hombre de al lado”.

Le Corbusier, Casa Curutchet

Continuamos la búsqueda de los huevos de chocolate ocultos. Si echamos un vistazo a la planta de la ampliación, podremos ver cómo cobran importancia tanto los cerramientos como los espacios que quedan entre ellos. Los muros de ladrillo cierran unas vistas en lugares controlados, abriéndolas en otros también estudiados. Los espacios ciegos que crean hacen que nos venga a la mente otro maestro de la arquitectura moderna del siglo pasado, Mies van der Rohe. En su serie de 1934, Van der Rohe resumía una investigación llevada a cabo por él mismo y por los alumnos de la escuela Bauhaus sobre el concepto de patio y casa. En el caso de la casa de Elx, el patio se convierte en un mecanismo para separar la ampliación de la casa original, dotando a esos espacios de tránsito, normalmente aburridos, de un carácter especial.

Mesura Arquitectos. Casa IV

 

Por último, en el plano de sección de la ampliación aparece el último huevo de Pascua, el más evidente de todos. En él se visualiza la modulación de la Casa IV perfectamente retratada, con formas que describen geométricamente tanto la planta como la sección de la casa. Por si fuera poco y en el caso de que alguien tuviera alguna duda, los arquitectos de Mesura colocan la figura del Modulor, que Le Corbusier utilizaba para representar al hombre ideal.

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Esto es un artículo se publicó originalmente en el suplemento Zazpika del periódico Gara. Para leer el artículo completo, puedes ir a la página de Zazpika. Puedes encontrar este y otros contenidos en la página web de Zazpika.

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