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Casa M, de Alcolea y Tárrago

Louis Kahn fue un arquitecto estadounidense, el mejor del siglo pasado para muchos, repleto de frases misteriosas. Una de esas citas rezaba así: «La naturaleza no escoge, simplemente desenmaraña sus leyes». Con esa reflexión, un tanto esotérica, sobre la naturaleza de lo natural, abordamos el análisis de la casa MP, del estudio iruindarra de Rubén Alcolea y Jorge Tárrago.


CASA MP EN SESMA

Situada en Sesma, un pueblo de la Ribera navarra, esta casa unifamiliar destaca por una imagen potente en un lugar donde la arquitectura tradicional se construye día a día, lejos de las figuras de las postales tradicionales de los catálogos turísticos. La casa misma consigue un efecto hipnótico al mezclar elementos de la arquitectura más vanguardista con la parquedad contagiada del entorno inmediato.

Ese contagio es el modo por el cual se construye lo vernáculo, aquello que surge de la misma tierra. Esa arquitectura vernácula, hoy en día, es entendida como una arquitectura congelada en algún momento alrededor de mediados del siglo XVIII, una arquitectura de postales pintorescas, pueblecitos con eternos empedrados, tejados de pizarra y simpáticos lugareños.

Pero lo vernáculo no respeta normas o convenciones sociales, sino que es una auténtica fuerza de la naturaleza: los bares y tabernas de Euskal Herria no son estrechos y largos por un hecho caprichoso, sino que obedecen a la distancia máxima de las vigas de madera disponibles en el momento; los arbotantes de las catedrales no tienen pináculos en su parte superior como antojo de algún maestro cantero, sino que cumplen una función estructural vital. Del mismo modo que ningún árbol alza sus ramas en una dirección sin tener un buen motivo (como, por ejemplo, tener más luz disponible), la arquitectura tradicional no juega a los dados. Para la obra de Sesma, los propietarios, una joven pareja, convocaron un pequeño concurso privado, eligiendo a varios equipos de arquitectura para que dieran una primera aproximación al encargo. Tras un periodo de toma y daca, Alcolea y Tárrago fueron elegidos. Estos arquitectos dedicaron cuerpo y alma a un proyecto que llegó a cambiarse hasta en cuatro ocasiones, con modificaciones totalmente radicales entre una propuesta y otra, aunque siempre con una directriz absolutamente indispensable: la economía de medios.

De ese modo, la configuración final de la obra aborda los problemas del solar para dar una imagen potente, con la mirada dirigida al material, con unos muros de hormigón armado que potencian eso que los arquitectos llaman la “tectónica” en ese oscuro idioma propio. Utilizando tabla de pino, la más barata del mercado, para crear el cofre en el cual verter la masa líquida del hormigón, se pretendió crear un guiño evidente a los muros de piedra tradicionales, donde no hay trampa ni cartón, y se puede ver desde el exterior cómo están construidos. Del mismo modo, el despiece del muro de hormigón se muestra desnudo y sin artificios. Fijándonos en la planta, podemos ver cómo otra norma, esta vez no natural, hace que las ramas del árbol vayan en una u otra dirección; la normativa municipal dictaba, entre otras cosas, que tanto la fachada que mira a la calle de acceso como su fachada trasera debían ser paralelas. El problema, que los autores convirtieron en oportunidad, devino del hecho de que la calle principal no era perpendicular a la parcela, con lo que se tuvo que trabajar con una forma trapezoidal en planta, con los consecuentes espacios desperdiciados. Sin embargo, con gestos pequeños y elegantes, Alcolea y Tárrago utilizan estos espacios muertos para crear miradores, dobles espacios y habitaciones de servicios, “cuadrando” el resto de la vivienda, que adquiere una distribución más tradicional.

Cabe preguntarnos si es una casa que responde a una lógica constructiva vernácula o no. En apariencia, tiene todos los ingredientes para ello: economía de medios, implantación en el terreno, personalización, dedicación y agentes locales implicados. Estéticamente, aunque tal vez sea obra de la normativa municipal, el edificio se camufla perfectamente en el entorno. La virtud de esta obra radica en el resultado obtenido, magnífico, a un precio de construcción irrisorio, que desmonta la teoría –lamentablemente generalizada– de que el arquitecto es un gasto innecesario y, además, caro. Las miles de horas invertidas por los arquitectos en esta obra evidencian que un buen diseño no hace más que responder a leyes naturales, como son la economía de medios, la adaptación al entorno y la identidad propia.

La casa MP, realizada por el estudio Alcolea y Tárrago en la localidad navarra de Sesma, es todo un ejemplo de adaptación al entorno, economía de medios e identidad propia.

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