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Edificio Bake Eder, de G&C Arquitectos

¿Cómo se enfrenta un edificio al pasado? ¿Cómo ser respetuoso y, al mismo tiempo, dejar a todos satisfechos, bien sean un usuario, un promotor o un ciudadano? Un edificio rehabilitado del siglo XIX y un silencioso y pequeño cubo de vidrio que representa la técnica del siglo XX dialogan en el conjunto que conforma la sede de BiscayTIK, en Getxo. El proyecto es obra de G&C Arquitectos.

Photographs courtesy of G&C Architects

Las normativas de protección están ahí, catalogando nuestro entorno, un auténtico deus ex-machina que decide qué edificio es necesario conservar y cuál no. Pero el mero seguimiento de unas normas no garantiza que el resultado de un proceso de rehabilitación vaya a ser, como mínimo, de la misma calidad que el original. La rehabilitación de la parcela Bake-Eder, en el getxoztarra paseo de Zugazarte, es una de esas intervenciones en las cuales ese complicado juego de la rehabilitación ha de ceder a las necesarias ampliaciones de espacio de una empresa moderna. Afortunadamente, el equipo liderado por Marta y Martín González Cavia y Jorge Cabrera, de G&C Arquitectos, supo aprovechar la oportunidad y tratar el pasado con elegancia, respeto e ingenio.

El edificio es la sede de BiscayTIK, ente dedicado a la modernización de las comunicaciones digitales de la Administración. Nace de las cenizas de un edificio construido en 1901, ampliado por el famoso arquitecto Manuel Mª Smith y que sufrió un grave incendio en la década de los 80. Con tan solo sus muros en pie, el edificio tuvo que ser reconstruido con un nivel de conservación científica, la clasificación de rehabilitación más exigente otorgada. El proyecto de G&C Arquitectos planteaba recuperar la majestuosidad de la construcción burguesa del siglo XIX, al mismo tiempo que colocaba una pieza baja que representara la técnica del siglo XX, época en la que la arquitectura se liberó de los dejes neoclásico y las molduras, cornisas y capiteles dieron paso a los perfiles de acero y paños de vidrio, símbolos de una nueva racionalidad.

Así, al contemplar la fachada del conjunto que da al Abra, no hay duda de quién adquiere la importancia; los agudos tejados amansardados del edificio antiguo parecen no percatarse de ese pequeño y silencioso cubo de vidrio vecino, casi transparente y atravesado por las nubes. Es casi un edificio que se niega a sí mismo, como decía Fredric Jameson, a través del reflejar de la ciudad que lo rodea. Pero no se dejen engañar, es un mero truco; ese edificio silencioso no es en absoluto mudo. De hecho, el título de la propuesta ganadora del concurso para el solar de Bake-Eder era un buen resumen de lo que se puede percibir allí: “Diálogos”.

El interior también es un buen ejemplo de ese cambio entre la arquitectura del Antiguo Régimen y la del Movimiento Moderno; el edificio histórico debe sus divisiones interiores a pesados muros de carga, creando esas interminables sucesiones de estancias, una detrás de otra, y sin casi posibilidad de modificación, haciendo de la escalera un núcleo central y simbólico. Por contra, la nueva ampliación, heredera del funcionalismo del Movimiento Moderno, pretende homogeneizar el espacio, haciéndolo lo más abierto y diáfano posible, trayendo consigo la posibilidad de ampliar o reducir los espacios a través de módulos y tabiques móviles, a la manera de la empresa moderna. Del mismo modo que la ampliación de Erik Asplund para el ayuntamiento de Goteburgo, hace casi cien años, el edificio moderno no hace sino reforzar al antiguo, al mismo tiempo que el viejo edificio se apoya en el nuevo. Ambos permanecen unidos por una planta baja que une los dos volúmenes, pero eso es algo que pasa desapercibido. El cubo de vidrio ha querido mantenerse bajo, respetuoso con sus mayores, consiguiendo un efecto escultórico gracias a su forma –volumétrica, sin decoraciones– y a un vuelo sin apoyos que proyecta la sombra y consigue que ese cubo “vuele” sobre el jardín.

Ese “vuelo” se ve reforzado en la fachada trasera, donde otro volumen en planta baja crea un apoyo que los autores reconocen influenciado por el movimiento neoplasticista o incluso la escuela vasca de escultura. Etiquetas aparte, el edificio moderno crea su propio y silencioso carácter a través de pequeños movimientos de dos volúmenes rotundos, dos prismas que se deslizan de un modo que solo queda en evidencia desde una vista de pájaro, pero que, a nivel del suelo, resulta completo y eficaz para plantar cara a una arquitectura histórica y, según la opinión mayoritaria, más bella. ¿Cuál es, por lo tanto, la manera correcta de encarar el patrimonio construido? No hay una sola respuesta a esta pregunta, cada problema encierra en sí mismo un sinfín de posibilidades. Es labor de los arquitectos discernir si el diálogo resultante son susurros hacia el mar o gritos en la ciudad.

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