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Edificios oníricos . La transformación de la realidad de Victor Enrich

Hace poco, mi padre se me acercó con cara compungida, preguntándome si había visto un proyecto de unos megaedificios destinado a llenar las playas de Benidorm. Yo conocía de sobra la imagen de esos gigantescos edificios cruciformes, dignos del Moebius más lisérgico, que practicamente invadían el frente marítimo de la ciudad valenciana. Era el resultado visual de un estudio sobre la costa oriental de la península ibérica que el estudio holandés MVRDV había publicado en su libro “Costa Ibérica”. Las potentes imágenes servían de apoyo de una simple tesis, la de redensificar la costa, permitiendo liberar espacio en el hinterland.

enrichImágenes como esa han jugado un papel primordial en la historia de la arquitectura, y no solo porque, junto con los edificios, son los pilares del estudio de esta materia, sino porque a través de ciertas imágenes se han podido expresar idearios de todo tipo. Por ejemplo, Étienne-Louis Boullée, arquitecto del siglo XVIII, fue un pintor cuyo padre obligó a seguir la senda de la arquitectura, y que acabó sentando las bases de la academia de arquitectura en la influyente École des Beaux-Arts del siglo XIX. El proyecto más famosos de Boullée fue uno imposible de construir, el Cenotafio para Isaac Newton, una gigantesca esfera de 150 metros de diámetro, hueca por dentro, destinada a albergar al mayor genio de la ciencia moderna.

Victor Enrich es un joven barcelonés que abandonó sus estudios en la escuela de arquitectura para dedicarse a realizar infografías, es decir, representaciones digitales en 3 dimensiones de edificios. Estas representaciones irrumpieron como una locomotora a principios de siglo, coincidiendo con la mejora y el abaratamiento de los ordenadores personales y el desarrollo de procesadores más potentes. La profesión de arquitecto cambió, y el tablero de dibujo se convirtió en un objeto arcaico. Los nuevos alumnos de las escuelas de arquitectura empezaron a dibujar casi inmediatamente por ordenador, con ese fervor con el que las nuevas generaciones abrazan la tecnología.

Esa capacidad tecnológica coincidió con una explosión de la difusión de la arquitectura por medios impresos y digitales. Como ya pasara en el siglo XVI con la reedición de los textos clásicos del arquitecto romano Vitrubio, o los libros de láminas ilustradas de los arquitectos alemanes que recuperaron los detalles clásicos del mundo antiguo, las imagenes generadas por ordenador empezaron a inundar los ojos y las mentes de los arquitectos del siglo XXI, haciendo que las formas fueran por delante de la misma posibilidad de realizarlas.

De esas maquinaciones digitales surgieron obras como la de la arquitecta Zaha Hadid, Greg Lynn, o Coop Himmelb(l)au, por citar algunos ejemplos de creadores que basan su estilo en modelos informáticos. El estilo resultante tuvo poco predicamento inicial en el conjunto del estado español, al tener una formación más orientada al hecho estructural, es decir, a cómo construir las cosas, y tener una cierta reticencia a “inventar” formas sin pensar en su estructura.

En cualquier caso, las imágenes informática de Victor Enrich ponen de manifiesto la capacidad expresiva de estas técnicas. Movidas por sus vivencias en diversos paises y de una particular manera de percibir el mundo, consecuencia obvia de su sensibilidad hacia la arquitectura, lo que demuestra en sus montajes fotográficos son elementos híbridos entre la ciudad real y aquella onírica que todo arquitecto ansía de vez en cuando.

Así pues, tenemos edificios que crecen descontrolados, como en la obra “Medusa”, otros edificios que se mueven libremente por la ciudad, otros que parecen movidos por la fuerza caprichosa del viento… En definitiva, el catalán se atreve a presentar las obsesiones de los arquitectos sin ningún tipo de complejos, sin las ataduras de la fuerza de la gravedad o la normativa urbanística.

Curiosamente, este tipo de iniciativas “utópicas” siempre surgen en situaciones de crisis: cuando el grupo Archigram imaginaba su plug-in-city, Reino Unido estaba sumido en una profunda crisis económica y social de la cual devinieron las viviendas brutalistas que hoy en día poblan el parque de vivienda social británico. Las imágenes de Enrich hablan de un presente donde los referentes formales han sustituído a los ideales, sepultados por el imperio de la imagen y el determinismo del crecimiento indeterminado. Estas imágenes pueden tener un centenar de interpretaciones, o ninguna en absoluto, tal es la virtud y vicio de la producción arquitectónica actual: aunar las más nobles de las aspiraciones con la frivolidad más absoluta del gozo por el mero disfrute.

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