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Miguel Garai o la mirada a la construcción de la arquitectura vasca

Una nueva verdad científica no triunfa convenciendo a sus oponentes y haciéndoles ver la luz, sino más bien porque sus oponentes eventualmente mueres y crece una nueva generación que está familiarizada con ella. Esta frase, de un determinismo terrible, la usaba Thomas Kuhn para explicar cómo se da un cambio de paradigma en una sociedad.

garai

Estamos en un momento en el que la generación anterior, aquella que labró su camino desde los estertores de la Dictadura, va dejando paso a una nueva. Esta generación ha tenido que buscar referentes, ideas y motivaciones alejadas de las de las anteriores, pero en muchos casos no son sino un retorno al principio. En el caso de la arquitectura existe una cierta tendencia a mirar al pasado, teniendo estilos previos como el New Brutalism o el Postmodernismo un interés renovado.

Comisariada por el arquitecto Jonathan Chanca, y después de su paso por la Escuela de Arquitectura en Donostia, la Delegación en Bizkaia del Colegio de Arquitectos muestra estos días una exposición retrospectiva dedicada al arquitecto gipuzkoano Miguel Garai, y nos da una excusa para volver la vista atrás hasta un pasado cercano donde la arquitectura de Euskal Herria obtuvo un carácter personal e identificable, dentro y fuera de nuestras fronteras.

A la vista hasta el siguiente 12 de junio, la exposición nos sumerge en un viaje desde los años 60 de la arquitectura vasca hasta los albores del nuevo siglo. Junto con maquetas, planos y libros dedicados a la arquitectura, podemos encontrar por los rincones a Mikel Laboa, Lourdes Iriondo o Joxean Artze; la historia de la figura de Miguel Garai puede servirnos de hilo de Ariadna para visitar la formación del arte moderno vasco -incluyendo la arquitectura en ello- tal y como ahora lo conocemos.

Garai se formó como aparejador y entró a trabajar con el maestro Luis Peña Ganchegui. Decidió iniciar los estudios de arquitectura con 28 años, en 1964. La actividad cultural empezaba a desembarazarse de una clase de arquitectos que eran, según palabras del urbanista gipuzkoano y profesor Xabier Unzurrunzaga, “conservadora y elitista”. En 1970 el Colegio de Arquitectos Vasco Navarro se renovó, gracias a la elección de nuevos decanos alejados de esa “élite” como Javier Marquet, Fernando Galdeano o el propio Unzurrunzaga, de modo que la cultura y la crítica arquitectónica entró en Euskal Herria desbordando un esquema mental basado en un estilo funcionalista impulsado por el Régimen.

Miguel Garai, junto con José Ignacio Linazasoro, se ocuparon de la organización, durante los veranos de 1974, 1975 y 1976, de las Semanas de Arquitectura de San Sebastián, y por la ciudad desfilaron, en muchas ocasiones con el periódico L’Unità bajo el brazo, ilustres arquitectos italianos como Aldo Rossi, Giorgio Grassi o Manfredo Tafuri, arquitectos que influenciaría una generación de arquitectos. Esa época supuso el nacimiento de un estilo llamado La Tendenza, en alusión al grupo de italianos que lo funda, que tuvo en Miguel Garai uno de los grandes exponentes vascos.

Garai se sumergió dentro de la modernidad vasca, con compañeros de viaje de la talla de Julio Caro Baroja, Joxean Artze o Leon Krier. De esa unión nació sin duda la ikastola Txingudi de Hondarribia, uno de los primeros hitos de su obra como arquitecto. Le seguirían obras como la casa Mendiola o el edificio de la Escuela de Arquitectura de Donostia. En su obra, así como en la de todos los “posmodernos” que lo rodeaban, los elementos históricos abundaban, llenándose los edificios de columnas dóricas, tímpanos, estilóbatos… en algunos casos como ejercicios kitsch historicistas, y en ocasiones recobrando tipologías históricas de Euskal Herria y poniéndolas de nuevo en la actualidad.

Los “posmodernos” tuvieron su cuarto de hora de fama, como reconoce otro arquitecto del movimiento, Alberto Ustarroz, pero alcanzaron una importancia vital en la CAPV al ser los líderes de la Escuela de Arquitectura en un momento en el que las instituciones vascas se estaban creando. Garai mira atrás y reconoce que hoy por hoy “este es un momento en el que los arquitectos emergentes buscan el equilibrio entre naturaleza y arquitectura”. Prueba de ese pensamiento lo podemos evidenciar en la obra para la fábrica Microdeco, en Ermua, junto con Santos Barea y Fernando Mora. En ella, la antigua fábrica construida en 1966 se viste con una envolvente de rejilla que los árboles van conquistando a medida que crecen. Es de reconocer que, contraviniendo la frase de Kuhn con la que abría el artículo, los cambios de paradigmas pueden venir en el tiempo de los vivos.

Artículo publicado originalmente en el semanal ZAZPIKA.
El pdf del artículo está descargable en la página de Zazpika, clicando aquí
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