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Museo Long en Shangai, de Atelier Deshaus. Capitalismo y esquizofrenia

El lector habitual de esta líneas se habrá percatado que el número de proyectos localizados en Asia es numeroso; no en vano, China ha sido durante el último lustro uno de los escaparates mundiales de la arquitectura espectacular -y del espectáculo- más importantes del globo, cogiendo el testigo de Italia en los siglos XV y XVI, Gran Bretaña en el XVII, Francia en el XVIII, Alemania en el XIX y Estados Unidos en el siglo XX. Durante el siglo XXI, el foco de calor arquitectónico ha dado bandazos coincidentes con la aceleración económica de distintas partes del mundo, incluido una próspera década de los 90 en el estado español.

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Así pues, los arquitectos europeos y americanos desembarcaron en China y consiguieron crear arquitectura singular, promovidos por un régimen que quería mostrar tanto su poderío como esa esquizofrénica apertura económica. Pero, al parecer, las cosas se salieron de madre.

Recientemente, el nuevo Presidente de la República Popular China, Xi Jiping, intervino durante más de dos horas en un encuentro literario en Beijing para discutir el papel del arte como servicio a las personas. El político soltó frases como que el arte “debería de ser como el sol en el cielo azul y la brisa en primavera, que inspire la mente, caliente los corazones, cultive el gusto y limpie modos de trabajo indeseable”.

El mensaje es claro: se acabó la fiesta. Xi Jiping subió al poder con una clara fama de luchador contra la corrupción, y los estilos de arquitectura no basados en los preceptos industrializados de la arquitectura soviética se han considerado un reflejo de una época de corrupción en la Administración china, y por lo tanto se impone un paso atrás.

El edificio del Museo Long, en Shangai, es un buen punto de referencia para hacernos una idea de ese proceso esquizofrénico que todo buen capitalismo, encubierto o no, lleva consigo. El edificio es obra del estudio Atelier Deshaus, grupo surgido en Shangai en 2001 con el arquitecto Liu Yichun como director, siendo los promotores del mismo Lin Yigian y Wang Wei, marido y mujer respectivamente y millonarios coleccionistas de arte. Siguiendo con esa perversión mental y económica, China es, tras Estados Unidos, el país con más millonarios, y en el caso que nos ocupa esta fortuna se ha labrado gracias a un buen ojo en el especulativo mercado del arte.

La pareja promovió un primer edificio en el centro de Shangai en 2013, obra del arquitecto Zhong Song, un cubo hermético de hormigón armado que invitaba a una experiencia introvertida con el arte como único protagonista.

La pareja promovió un primer museo, obra de Zhong Song, a lo que dio paso un segundo. Éste se localiza en la orilla oeste del río Huangpu, un enclave en pleno proceso de transformación, con la pretensión de convertirse en una zona franca para la compraventa internacional de arte, al haber sido recientemente permitidas las subastas de arte en Shangai. El gobierno cuenta con un plan quinquenal que pretende convertir el distrito Xuhui en el punto caliente del mundo artístico, al modo de Londres o Berlín.

Y con todo esto en mente, podríamos pensar que la arquitectura haría gala de los fuegos artificiales de nuevo. Pero, tal vez impulsada por una reacción a los excesos formales anteriores, el edificio comienza con un gesto respetuoso al pasado; el solar donde se enclava el edifico era un antiguo cargadero de carbón, y los proyectistas decidieron conservar tanto los silos de hormigón como las líneas férreas de los servían. Así pues, el edificio aparece partido en dos, y aunque no integra el volumen viejo, sí que lo utiliza como una terraza para que el visitante pueda, al menos, experimentar ese trozo de historia.

Los dos espacios resultantes se resuelven con una misma pieza constructiva, un pórtico en forma de arco, a la manera de Louis Kahn en el Museo Kimbell, con la excepción que la malla que rellena este pórtico no está en la misma dirección. Es decir, en algunas partes el pórtico mira para un lado, en otras para otro. La unión de esas dos direcciones propicia la creación de espacios de gran calidad, al encontrarse el visitante con una doble altura, triple altura, o al contrario, con un quiebro que reduce al mínimo la altura de la sala. Es un uso inteligente de un proyecto pensado “desde la sección”.

Es, por lo tanto, una arquitectura silenciosa que sirve a una lectura sosegada de las obras de arte, pero que nace de una aceleración económica y especulativa. Es la superposición de estas dos concepciones, contrapuestas y casi surrealistas, las que hacen interesante este edificio.

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