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Sede de Naturgas, IMB Arquitectos

El estudio de arquitectura IMB Arquitectos es un equipo de trabajo liderado por Gloria Iriarte, Eduardo Múgica y Agustín de la Brena, autores de una gran parte de esa arquitectura de “autor” bilbaina que en numerosas ocasiones nos empeñamos en identificarla con creadores foráneos. La sede del edificio de Naturgas en Bilbo es un edificio que combina ese lenguaje con la preocupación por la eficiencia energética.

naturgas
El catálogo de estos autores es tan impresionante como familiar para un habitante de Bilbo. Un paseo por la villa nos podría llevar, por ejemplo, al parque de Ametzola, y al juego entre el dentro y el afuera de su estación intermodal. Podríamos acercarnos a la Gran Vía y observar cómo conversan el Palacio de la Diputación de Bizkaia y la Biblioteca Foral, enorme cubo de vidrio donde los libros se nos muestran como ídolo cultural. Ya que estamos ahí, nuestra deriva tal vez nos llevaría al Ayuntamiento y podríamos ver otro juego de conversación entre el neoclásico y lo moderno, esta vez en la ampliación de la casa consistorial. Visto esto, podríamos dar marcha atrás y dirigirnos a Hurtado de Amezaga, donde los arquitectos firmaron tanto la rehabilitación de la Estación de la Concordia como la de la Estación de Abando. Cruzando por el puente Cantalojas, llegaríamos a la plaza Zabalburu, con sus característicos pináculos luminosos, pero no nos demoraríamos demasiado, porque deberíamos ir a ver la parroquia de Santa María Josefa, en el barrio de Miribilla, con la luz del ocaso.

Casi todas las obras citadas son un juego entre el pasado y el presente, un diálogo entre lo que existe y lo que no. La última obra de IMB es, precisamente, una apuesta decidida por un futuro que, sin embargo, debe de contenerse dentro de los límites de un pasado inevitable. La nueva sede de Naturgas Energía es un edificio totalmente orientado hacia el nuevo paradigma de la arquitectura, es decir, la absoluta eficiencia y sostenibilidad energética. El propio cliente puso como condición a los diseñadores un edificio con un alto grado de ahorro energético. Este reto llevó a los proyectistas a conseguir un diseño que conseguía 29 kg CO2 de consumo por año, siendo esta cifra un 65% más baja que lo que la normativa estatal propone. El proyecto comenzó con la decisión del Ayuntamiento de proteger la fachada del inmueble, premisa sobre la cual se lanzó un concurso de ideas para realizar la obra. IMB presentó una idea que partía de la base de un gran espacio diáfano, con las plantas literalmente colgadas de dos gigantescas vigas del último piso, que a su vez fuera perforada por un patio torsionado. Al mismo tiempo, la fachada neoclásica se “dobló” para formar una cámara de aire enorme, con doble acristalamiento, con unos conductos que conectaban directamente con el patio interior. El patio se iría transformando en algo más que un mero artificio arquitectónico para introducir luz y conseguir que las distintas plantas del edificio conversen entre sí. Mediante un sistema automatizado, el patio se convertiría, durante los meses fríos, en un invernadero, y durante los meses cálidos, en salida del aire viciado interior, mediante un tiro natural. Esta es solo una de las estrategias bioclimáticas llevadas a cabo en este proyecto. La bioclimática surge de la necesidad de establecer modelos de ahorro energético normalizados, es decir, de construir los edificios de manera que generen la menor cantidad de residuos posibles y de que consuman la menor cantidad de energía posible. Como ejemplo, el sistema de ventilación natural entre la doble cámara de la fachada y el atrio que hemos visto ahorraría unos 26.000 kwh al año.

Es un pequeño gran cambio de paradigma en la arquitectura. Del mismo modo que el arquitecto de posguerra tuvo que ingeniárselas para conseguir el máximo efecto con unos materiales precarios, hoy en día el reto en la arquitectura es conseguir que el edificio sea sostenible en todos los frentes posibles. No solo en la misma construcción, consiguiendo un diseño inteligente y económico, sino con miras de futuro, ya que el inevitable aumento del precio de la energía irá transformando la faz de nuestros edificios poco a poco. Las instalaciones energéticas de todos y cada uno de los edificios que ocupamos son, proporcionalmente, las partes más caras de los edificios, al ser un recurso que nunca se sacia. Incluir estrategias bioclimáticas pasivas, aquellas que reducen la demanda además de proporcionar un confort inmediato, es la única solución a un virtual colapso del sistema energético.

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