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Sentarse con la arquitectura

La idea de “confort” no es tan antigua como pudiera parecer. De hecho, es un elemento novedoso que da una pista sobre cuando la Modernidad se introduce en la arquitectura. Y si algo podemos asociar a la palabra confort, es la de la manera de sentarnos en nuestra casa, después de un día de trabajo. Y así es como llegamos a entender el por qué de el simbolismo del mobiliario para los arquitectos. Las sillas “de arquitecto” han sido muchas veces tomadas por incómodas -verdadero en muchos casos- pero siguen poblando las revistas de interiorismo, y en el momento que el cliente quiere tener un toque culto en su decoración.

iratzoki

Un reciente revisionismo de la historia de la arquitectura efectuado por el arquitecto Rem Koolhaas como comisario de la Bienal de Arquitectura de Venecia venía a evidenciar la importancia del desarrollo de los elementos arquitectónicos (ventana, puerta, cocina, muro) para poder comprender la arquitectura. Así, quiso Koolhaas desproveer la Bienal del clásico discurso de “este año se lleva esto”, e ir un poco más allá. Irónicamente, esa falta de ideario o discurso es “lo que este año se lleva”, pero eso es harina de otro costal. Las circunstancias de cuando Alvar Aalto o Marcel Breuer diseñaban sillas a la actualidad han cambiado. Los diseños más valorados de sillas atribuidos a arquitectos datan de finales del siglo XIX y principio de siglo XX, cuando la industrialización no había copado toda la producción industrial. El fabricado de sillas seguía siendo una artesanía. Tal vez esa sería el mérito de Breuer que, obsesionado con el modo de fabricación del coche modelo-T de Henry Ford, diseño la silla B3, también llamada “Wassily” en honor al mismísimo Kandinsky, compañero profesor de Breuer en la escuela Bauhaus en Dessau. Cierto es que el austríaco Michael Tonet ya había usado ese sistema en 1859 con la silla Tonet, una de las piezas de diseño industrializadas más vendidas del siglo XIX, pero Breuer adquirió un aura de sacralidad por el diseño, por la Bauhaus, que Tonet no tendría, siendo asociado su diseño con un antiguo régimen ideológico. La silla Wassily es uno de los iconos más reconocibles de un diseño moderno, y parte de un doblado inteligente de tubos de acero -elemento industrial, y por lo tanto mecanizable y replicable- para conseguir una silla “en voladizo”. Podemos rastrear la historia de la arquitectura con las migas de pan que van dejando las sillas diseñadas por arquitectos. Podemos ver el deseo de aunar un sentido moderno de la tradición con un espíritu clásico de la silla nº 6516 de Otto Wagner. Vemos puro expresionismo centroeuropeo en el movimiento de la silla Zig-Zag de Gerrit Rietveld. Si saltamos a Finlandia, más o menos durante el mismo periodo que Rietveld, podremos sentarnos en un sinuoso sillón de madera plegada de Alvar Aalto, que imprimía en sus diseños un organicismo que vendría a conformar el 99% de la tendencia actual en mobiliario. Pero podríamos avanzar un poco en el tiempo y situarnos en el Baby Boom tras la Segunda Guerra Mundial, y en el inicio de la era del plástico. Ahí nos encontraremos a Eero Saarinen, quien diseñaría la silla Tulip, siendo uno de los primeros diseños de poliéster reforzado con fibra de vidrio moldeados en una sola pieza. Hoy en día la industria ha evolucionado con los materiales sintéticos y la mecanización, y los diseños novedosos parten de la disciplina del diseño industrial. Un ejemplo lo tenemos en Iparralde, con el diseñador industrial Jean Louis Iratzoki, natural de Donibane Lohitzune y con estudio en Azkain. Recientemente ha presentado en la feria Maison & Objets de Paris la silla Kuskoa bi para la firma Alki, un mueble realizado en parte con un polímero biodegradable. Ese nivel de investigación sobre las aplicaciones de los materiales tal vez fuera factible a finales de siglo XIX, pero hoy en día exige una necesaria especialización. El diseño de mobiliario podría parecer un tema menor, pero es una buena manera de realizarle un test de Roscharch a la sociedad. El geógrafo David Harvey realizaba un análisis del control urbano de Los Ángeles y ponía como ejemplo los bancos cilíndricos, destinados a que los vagabundos no los usaran. Del mismo modo, de un modo inconscientes, los diseñadores urbanos han colocado durante una década asientos urbanos unipersonales en parques y plazas, a modo de un niño que dibuja una escena sangrienta cuando le dan un papel en blanco y rotuladores. Estos dos gestos mencionados dicen mucho de la sociedad que los crea, e invita a pensar que una silla no es una simple silla, sino un acomodo para nuestra propia vida.
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